lunes, 30 de diciembre de 2013

Sobre la discusión





Cuando tu punto de vista inflexible se despliega
Y pretendes que tu visión sea la norma.
Te escucho.
Pero tan sólo logras elevar una gruesa pared tras tus palabras.
Del mismo modo que no permites que entre una brisa diferente,
Tampoco logras influir aunque lo creas.
Sin intercambio no existe comunicación.
Una hermosa presentación quizás
Y barbillas que suben y bajan.
No porque estén de acuerdo
Sino porque, francamente,
Aburres.
Te dan la razón
Con la esperanza de pasar a otro tema en el cual no tengas opinión.
No convences.
En un momento dejé de contar abrumado por tus infinitos:
YO creo, YO pienso, YO hago.
¿Por qué necesitas que sepamos?
¿No será que dudas un poco de aquello que con tanto fervor afirmas?
Cuando tu frase de cabecera es:
La única verdad es la realidad.
Me entristezco.
¿La realidad descripta por quién?
¿No osarás creer que vivimos en la misma?
Te comprendo, mi amigo,
Pero no te justifico.
Tu cabeza se magullará muchas veces
Porque así lo has elegido.
Sigo creyendo que puedes cambiar.
Si tú también lo creyeras,
Podríamos realmente comunicarnos.
Hasta entonces jugaremos a discutir,
Alimentando la ilusión de sentirnos importantes,
Creyendo que con eso es suficiente.

Andrés Casari

jueves, 28 de noviembre de 2013

Nuestra función




¿Te has preguntado alguna vez por qué deberías tener todo lo que tienes?

¿Cuál es el motivo real por el cual el cielo, la vida, el universo, dios o como quieras llamarlo debería darte algo sin esfuerzo alguno de tu parte?

Y sin embargo desprecias sus regalos porque no son lo que tu caprichoso yo persigue en ese momento.

Y te quejas y te quejas y te quejas…

Creo que quizás, eso que llaman locura debería ser redefinido.

A cada momento tu corazón late, pero eso no es suficiente.

Tus pulmones inhalan y exhalan sin que lo percibas siquiera, pero eso no es suficiente.

Ni hablar de la sinopsis en tu cerebro, del intercambio celular, del sol, las estrellas, la gravedad, los animales, las plantas, el agua, las personas…

¿Has reflexionado seriamente sobre la posibilidad de que seas jodidamente egoísta?

Participas de la vida, como todo,

¿Eres más importante que una piedra?

¿O que un jazmín, o que un puma?

¿Eres más importante que yo?

¿Tiene sentido preguntar si alguien es más importante que tú?

¿O mejor, o más bueno, o más malo, o más lindo, o más inteligente?

Perspectivas de una misma conciencia que se despliega a sí misma y se observa y se divierte,

Que se mueve a través tuyo, como también lo hace a través de todo lo demás

¿O en verdad piensas que eres tú el que hace?

¿Tu cuerpo?

¿Tu mente?

Energías inteligentes que nos envuelven,

Qué más.

¿Nuestra función?

Darnos cuenta, participar, o ignorarla por completo creando mundos para nuevas experiencias, enredarnos, desenredarnos.

Descubrir la oscuridad para reconocer la luz,

Pero saber que al fin y al cabo

Son lo mismo.

Una parte de esa gran conciencia eres tú,

Pero no ese tú que se mueve, o que habla o que piensa,

Sino ese tú que se sabe parte de algo mayor y que habla a través de tu boca,

Siente a través de tus emociones,

Y piensa a través de tu mente

Para continuar amplificando la conciencia.

O quizás para nada,

¿Quién sabe?

Tal vez sea solo eso,

Buscarle sentido.



Andrés Casari

lunes, 25 de noviembre de 2013

Evitar un daño colateral




Era una batalla inútil,
Sin objetivo,
O peor aún, con un objetivo imposible de asir.
Comenzó despacio, casi sin querer,
Y ahora está a punto de perder sus códigos.
Camino entre el fuego cruzado
Y cada bando me reclama como propio.
Es curioso como el egoísmo se enmascara,
¿Qué tan difícil puede ser comprender que no es mi guerra?
Que no lo fue y que no lo será.
Que son los actos los que inclinan la balanza
Y no las vacías palabras llenas de términos que se han usado demasiado perdiendo por completo su significado.
Una guerra absurda,
Como toda guerra que solo persigue un capricho.
Quizás sea tiempo de salir de la zona de fuego,
Evitar un daño colateral,
Continuar sembrando en vez de pisotear aquello que intentaba brotar.
Cada nueva explicación, es tomada como arma,
Acomodada.
No es ese su propósito.
Me había olvidado por qué no se debe dar todo masticado,
Sino simplemente actuar y que cada quien comprenda lo que pueda o lo que quiera,
Como siempre.

Andrés Casari

viernes, 8 de noviembre de 2013

Símbolos y mapas




Su seguridad abruma.

Tan decididamente persiguen un mapa que creen, los llevará a su destino.

Pero miras el tuyo y surge la duda.

Tienes en tus manos otro plano,

Y has llegado a ese destino hace mucho tiempo.

¿Debes indicarles su error si no han preguntado?

Puedes ver como sus pensamientos y sus acciones se conducen siguiendo su única referencia

Y desde allí te observan.

Desde esos supuestos te clasifican.

Es simple.

Solo pueden comprender la parte de ti que coincide con los símbolos en su mapa,

El resto no podrá ser comprendido,

Ni querrá serlo.

Pues eso implicaría reconocer la propia desorientación.

Tras su aparente maldad sólo existe ignorancia,

Y miedo a cambiar.

Has aprendido a cerrar tus oídos al murmullo,

Sin embargo cuando otras personas también son involucradas en un destino que no es cierto,

Cuando esa energía proyectada irresponsablemente puede interferir con la integridad de otro ser al que aprecias,

La irritación aparece en escena.

Entonces ya no comprendes tanto.

Aunque entiendas la ignorancia,

Eres incapaz de justificar la estupidez.

Por eso eres guerrero,

Y por eso no te molestas en dar explicaciones a quien no las merece.

La incomprensión es un hecho al que te has acostumbrado

Pero no al artificio de un mundo para el que no has sido concebido.

Las respuestas aparecerán para quien se atreve a preguntar.

Si prefieren el cotorreo sinsentido,

Si su placer oscila entre criticar el jardín de sus compañeros

Y tejer falsas ilusiones por un completo sentido de minusvalía personal,

Sin vida propia que vivir.

Es un hecho lamentable.

No siento lástima por esos ejemplares humanos,

Son y serán eternamente libres.

En mi mapa,

La etiqueta de estúpidos los define perfectamente.

Al menos,

Hasta que se esfuercen en demostrar lo contrario.



Andrés Casari