¿Has visto mi amigo?
Seguimos ignorantes.
Te escucho refunfuñar contra la determinación,
Exigiendo una libertad que no tiene sentido,
Despreciando tu
naturaleza, como si no fueras parte de este cosmos.
¿Crees que la semilla conoce su destino?
¿Crees que el agua que deshiela en la montaña conoce su
final?
¿Por qué debieras entonces, conocer el tuyo?
¿Cómo puedes estar seguro de que eso que decides hacer no
forma parte del viaje?
¿Y eso que eliges no hacer también?
Tienes un destino, como la semilla, como el agua.
Lo cierto es que uno y otro pueden jamás concretarlo,
Así y todo,
No deja de existir
el orden que los dirige.
El agua puede contaminarse,
O fluir limpia y clara hasta el mar que la llama.
La semilla puede convertirse en un imponente y saludable
árbol,
O ser un raquítico arbolucho, débil, enfermo…
¿Qué crees que sucede contigo, humano?
Existe ese destino que ignoramos,
Y podemos llegar a él o jamás comprender que nos ha
sucedido.
Transitar débiles, enfermos, ignorantes,
Contaminados.
O brotar con fuerza, esplendorosos, limpios,
Claros.
Eres parte de la naturaleza,
Como yo, como todo.
Aunque te hayan enseñado a creer en el artificio,
En la civilización
Y en tantas otras cosas que atentan contra el mágico
tejido.
Nada está afuera, nada está suelto.
Acción y reacción.
Causa y consecuencia.
Sólo Ser lo que Eres,
Y continuar sin importar donde te lleve,
Pues sea donde sea,
Es parte del viaje.
Andrés Casari