lunes, 26 de agosto de 2013

Ya no dejaré




Ya no dejaré
Que tu pie me aplaste,
El bosque apagado, debe rebrotar.
Las corrientes se separan
Cada cual a su camino,
Ya no hay pena ni castigo, sólo cielo que volar.
Y planear liviano,
Construir un puente,
O marcar la senda para caminar.
Soy este poeta
Que palpita sueños,
Que no deja campo sin acicalar.
Y seré guerrero,
O caeré entre sombras
En esta batalla: ¿Cuál es la verdad?
¿Acaso no ves?
El invierno cesa,
Otra primavera despuntando va.

Déjame que sueñe.
Déjame que brote.
Déjame que nazca en este pedregal.
Seré flor de un tiempo,
Amanecer de risas,
Buscaré un espacio donde transmutar.
No busques respuestas,
Ni esperes reclamos,
No hay impedimentos, ni fuego ni sal.
Es una montaña,
Es un largo viaje,
Soy un peregrino en busca de paz.
Escucha mi risa,
Rocío en la arena,
Humedad del aire que se secará.
Mi vida es ahora,
La manada grita,
Y el lobo en la loma aúlla al final.
No es una condena,
Tampoco un lamento,
Mi pequeña huella en tu pie estará.
Y tal vez mi letra
Resuene en tu herida,
Pero la mañana pronto nacerá.
Dejé el equipaje,
Y aquella careta,
Con la que jugaba a que era tu par.
Pero no lo soy,
No somos iguales
 Tú tienes tu alma para decorar.
Estoy decidido,
No espero que apruebes,
Salto sin cadenas y estallo al hablar.
Todo lo demás,
Circo de colores,
Renazco del fuego, sólo un grito más.

Andrés Casari

martes, 20 de agosto de 2013

Dúdame




No escuches lo que digo,
Contempla.
No leas lo que escribo,
Percibe.
Reúneme en fragmentos
Y siente,
De acuerdo al compás de tus latidos.
Pues no importa lo que diga,
Sino lo que tú oigas,
Y no importa lo que escribo,
Sino lo que interpretes.
Ya que aquello que quise hacerte sentir,
Quedó en el aire,
Dejando simplemente,
Lo que sientes.

Así que, ya lo ves,
No exudo la verdad,
Tan sólo sus retazos.
Aquellos que me llegan,
Que viajan sin escalas
 Y apuñalan mis pupilas.
Soy tan solo otro tú,
Buscándome en tus ojos.
Y aunque jure mi verdad,
Siempre existe ese disfraz,
Invitándote a la duda,
Porque puede, no sea cierta.
No es mentir, es existir,
Conciliando mis opuestos,
En un algo con sentido,
Pero vivo.
Vulnerable.
Y descubierto.

Si me habías puesto allí,
En esa torre tan alta,
Bájame ya, por favor.
Pues de todo ese esplendor,
Queda tan solo este humano,
Que se ríe y se entristece,
Que rezonga, que lastima,
Y que vive en esta tierra,
Donde todo,
Tarde o temprano,
Se oxida.

Eso no quiere decir que todo está definido,
Sino todo lo contrario.
Corre la duda en mis venas,
Como un caballo salvaje
Y puede que en el rodaje,
En el andar al descuido,
Lo que creía seguro
Eso que daba por hecho,
Sea tan solo un camino.
De modo que nunca llores,
Insiste como es debido,
Pues todas las cosas cambian
En uno u otro sentido.
Pero no porque lo invente,
O porque juegue al olvido,
Sino porque te lo imploro.

Duda de mí.

Concéntrate en tu sentir,
Penetra en él,
Inúndate.
Y síguelo como al río,
Que sin importar las vueltas,
O escollos en el camino,
Concluye siempre en la mar,
Porque tal es su destino.

Andrés Casari

sábado, 17 de agosto de 2013

Eligiendo no vivir




¿Por qué estás eligiendo no vivir?
Le preguntó aquella voz.
Él balbuceó,
Lo negó.
Y lloró.
Lloró amargamente pero no dijo nada.
¿Qué pasaría por su mente?
¿Qué sentiría realmente?
No era posible saberlo.
La muralla crecía cada vez más.
Acorazado.
La voz insistió.
Él perdió su mirada en algún punto,
Su mente estaba lejos,
Rememorando quien sabe que antigua situación,
Quizás algún cruce en su camino en el que giró a la derecha en vez de a la izquierda,
Preguntándose qué hubiera pasado si tomaba el otro sentido.
Y ese era el punto por el cual no avanzaba.
Ocupado en que hubiera pasado,
No tenía tiempo para sentir lo que pasaba.
No estaba aquí.
No estaba en ningún lado.
No tenía tierra, ni hogar,
No tenía presente.
Funcionaba en automático con la energía que le quedaba,
Incapaz de regenerarse.
La voz no volvió a repetir la pregunta.
Pero él siguió escuchándola una y otra y otra vez.
Todas sus células la oían.
¿Por qué elegía no vivir?
Porque no sabía lo que significaba,
No había descubierto lo que era la vida,
Y le dolía ver que sus creencias no lo conducían a ningún sitio.
Inmóvil.
Paralizado.
Entonces la oyó de nuevo,
Imperativa.
Ya es tiempo de que vivas,
Dijo.
Comenzó por darse cuenta de que estaba dentro de un cuerpo al que había descuidado,
Luego tomó conciencia de que su mente lo controlaba de manera circular
Y por ultimo sintió su corazón.
Cada latido era una oportunidad.
No existía el fracaso,
No era real la frustración,
Solo una idea.
Una idea que lo atornillaba a un único punto.
Y volvió a llorar permitiendo que las lágrimas limpiaran sus ojos.
Decidió por fin ser quien comande
Y se obligó a ver hacia adelante.
Ya no a lo que hubiera pasado,
Sino a todo lo que aún no había sucedido.
El entusiasmo recorrió sus venas,
Y a pesar de que nada había cambiado,
Todo su mundo fue diferente.
La voz no habló,
Pero él pudo oírla a través de sus propias cuerdas vocales.
Ya es tiempo de que viva,
Gritó.
Y entonces el sol acarició su rostro
Revelando el próximo paso,
Solo el próximo,
Nada más era necesario.

Andrés Casari