¿Cómo sigues cuando a tu alrededor todo se pudre,
Y ves avanzar sin tregua la corrosión hasta tu alma?
Mírate, de pie frente a la ola gigante que amenaza.
La aparente tranquilidad no es otra cosa que el hueco que provoca el
mar al retirarse,
Para golpear tiempo después con más vehemencia.
¿Dónde buscar? ¿Aqué aferrarse?
Claridad.
Serenidad en el espíritu al saber que la marea continúa fluyendo
inexorablemente,
Y la certeza de saber también,
Que aún dentro del caos,
Existe un orden y un destino.
Nada ocurre por azar,
Otras civilizaciones han tenido que enfrentarse a este punto crítico de
su evolución.
¿Cómo la trascendieron? Es la pregunta que importa.
En una cultura enferma y desordenada, ¿Tiene la política algún valor? ¿Tiene
el sentido común algo que aportar?
Hombres a medias, valores truncados, mapas incorrectos
Y el egoísmo a flor de piel buscando solo salvar sus propios huesos.
Escucho el ruido que provocas, el desorden, la bronca,
¿Qué puedo hacer si no deseas escuchar?
Cuando tu punto de vista es limitado
Y tus decisiones impulsivas, incapaces de ir más allá de las próximas
semanas,
O días… vuelvo a mí.
A una filosofía, disciplina y orden que he construido con esfuerzo y
paciencia.
Vuelvo a mí, a mi centro, he ahí la respuesta que buscaba:
Esto también pasará, sólo resta el último golpe.
Desagradable, devastador, con gusto a final…
Y como todo final, inevitable,
Engendrador de un nuevo principio.
Andrés Casari


