Lo que no se tiene es tiempo.
Tiempo para perder por hechos que no suceden, historias que nunca
fueron, amores sentidos a medias.
No se puede malgastar el tiempo, el valioso tiempo de oportunidad en
lamentos estériles, sollozos inútiles o broncas de impotencia.
Los poderes que rigen la vida son inmensos,
Las inteligencias que ordenan el cosmos, incomprensibles desde el
zócalo evolutivo en el que nadamos,
Y la arrogancia del hombre que reniega de su suerte y de su destino…
incómoda.
¿Acaso puede él, en su infinita ignorancia, sentenciar?
¿Cómo podría gobernar un planeta, un país, una ciudad, alguien que ni
siquiera domina sus propias pasiones, sus decires, sus ideas?
Hombre enfermo de vanidad, cuánto daño te haces creyéndote mejor…
¿es acaso el hígado mejor que el ojo?
¿o la mano izquierda mejor que la derecha?
Partes diferentes, capacidades diferentes, destinos diferentes,
Mancomunados a un mismo fin,
Servir al hombre del que son parte.
¿No has visto aún, hombre necio?
Tu eres también, sólo otra parte.
Y así como la célula de tu páncreas desconoce que eres,
Del mismo modo tú, desconoces el todo.
Redímete hoy de tu ignorancia,
Reconócete parte y serás también, la totalidad.
Nada está suelto, hay un propósito.
Tu estómago desconoce que su propósito contribuye a tu alimentación y
supervivencia,
Sin su acción, de seguro, morirías.
Explícame tú, humano,
¿Cómo puedes saber que no estás cumpliendo un propósito por el cual
todo un sistema perdura?
Reniega de tu destino si quieres,
No hagas aquello para lo que has sido diseñado,
Desperdicia tu oportunidad, pero antes,
Observa tu reacción y lo que haces,
Cuando una célula de tu cuerpo no hace lo que debiera, adopta otra
función e invade un área que no le corresponde.
Despierta de una vez!
Reordénate,
Son cuadros dentro de cuadros,
Y más que un destello…
Incognoscible.
Andrés Casari

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