miércoles, 23 de mayo de 2012

Condiciones



Entonces…
¿Qué es real?
¿Son reales este bolígrafo y este cuaderno?
¿Es real mi pensamiento de querer obtener alguna cosa?
¿Es real el miedo que sentí alguna vez o sólo es real mientras lo siento?
¿Son reales mis sueños?
¿Es real tu mano posada sobre mi pecho?
¿Es real la excitación que siento al verte?
¿O es real la excitación que siento al imaginar que te veré?
¿Cómo podemos entendernos al hablar de realidad si no sabemos cómo definirla?
Si no es real eso que veo en alguna zona en mi cabeza, ¿no es real mi pensamiento hasta que lo plasmo?
Y si es real, ¿entonces te asesiné la otra noche, cuando soñé que te morías en mis brazos?
¿Qué es real?
¿Es real lo que percibo, lo que siento?
¿Es real lo que acontece aunque no pueda tocarlo con mis manos de carne?
¿Cómo es entonces que comparto la realidad contigo?
¿Es tu realidad, la mía también?
¿En qué forma podemos llegar a un punto en común?
Si real es lo que afecta…
¿Es tu juicio sobre mí, real para mí?
¿Es real este momento?
¿Soy real?
Me cuestiono: ¿Qué entiendo yo por realidad?
¿Será un proceso en el que establecemos parámetros?
¿Son las decisiones que tomamos para definirnos, para delimitarnos?
Soy real, ¿tú lo eres?
¿O somos los dos, y todo, producto de otro que nos sueña?
Otro que no existe, ¿o que existe más que nada?
Realidad…
Estoy reflexionando sobre ti, eres real,
¿Y antes?
Se realista, recuerdo, me pediste.
¿Cómo hago?, murmuré…
¿O lo que deseabas en verdad era que comparta tus ideas sobre como son, como deben ser y como serán las cosas?
Creo comprender,
La realidad, tal vez, sea el insólito proceso a través del cual nos hacemos reales.
¿Para quién?
Y el silencio de la noche en mis pupilas…

Andrés Casari

viernes, 18 de mayo de 2012

Ya no hay tiempo


Estás de pie frente a tu muerte.
¿Qué puedes decirle? ¿Cómo evitarla?
Pasa sobre ti, todo aquello que no te animaste a vivir,
Esos momentos que desperdiciaste en cosas que no eran importantes.
Tu tiempo,
Tu corto tiempo,
Un manojo de urgencias que no contribuyeron en nada a la plenitud de tu simpleza como hombre.
Aquellos que te decían cómo pensar y cómo sentir,
Los otros que sentenciaban tus ideas,
Y algunos más que se burlaban de la sensibilidad que te guiaba en los momentos oscuros…
¿Dónde están ahora?
Solo.
Solo tú, frente a tu muerte que te espera y te sonríe.
¿Puedes verlo ahora?
Ya no hay donde ocultarse de uno mismo.
Ya no hay mañana,
Ya no hay después,
Nunca debió haberlo,
Nunca lo hubo…
Simplemente eras tú frente a tu muerte, como ahora.
Un minuto más, una llamada, un abrazo,
Una canción, un grito, una carta de amor,
Un proyecto, una ilusión, una decisión,
Un hijo, una película, un trabajo,
Un perdón, una mentira…
Ya no hay tiempo.
Nunca lo hubo,
Era solo ese momento,
Era el viento que acariciaba tu mejilla y rezongabas.
Era el llanto de ese niño y tu impaciencia.
Era esa palabra de aliento que no dijiste por acumular tu estúpido dinero.
Era ese orgasmo que te negaste por haberte creído la patética ilusión de tener  5000 seguidores en un frío mundo inexistente.
Era esa soledad que temiste sentir y que con ruido sin sentido llenabas día a día.
Era ese libro que no leíste por completar planillas y planillas.
Era también yo, que te hablaba y no me oías…
Era tu conciencia, tu espíritu, tu tiempo.
Era tu elección, como lo es ahora.
Deja que te abrace,
El tiempo que tenías se agotó,
¿De qué sirve ahora tu lamento?
Los que quedamos, quizás,
Aprendamos de tu increíble necedad,
O, tal vez,
Repitamos como idiotas tu accionar,
Y enfrentemos con súplica y dolor a nuestra eterna compañera.
¿Qué puedes decir?
No digas nada. Afróntalo.
Al menos una vez, en este, tu último instante como hombre…
Calla.
Dedícate este momento y fúndete con tu muerte.
Hónrate.
Valora que antes del final, en tu último intento,
Quisiste Ser Conciente.

Andrés Casari

martes, 8 de mayo de 2012

Había bares, y luces


Había bares, y luces.
Los coches pasaban sin mucha prisa por la calle espectante.
Estábamos sentados en una esquina, mesas sencillas, el viento moviendo el aire que para esa altura del año era lo suficientemente fresco.
Sentí la incomprensión. Hablábamos sobre la vida, sexo, mujeres, dinero, política…. No había caso. Fuera el que fuera el tema, siempre conseguía una visión particular, diferente. Rara.
Veía sus caras, sus ojos inquisidores, preguntándome sin palabras por qué razón no era capaz de pensar como ellos, de decidir en base a sus supuestos.
Uno de ellos expreso que su mujer, así la llamó “su mujer” ignorando el hecho de que jamás sería suya, que ella era otra persona individual, libre, completa ¿o no lo era?
Suponía que su mujer no debía estar con su ex, miedo brotaba de sus palabras al hablar de ella, de lo que ella podría hacer, de la poca confianza que había en la relación.
Pensé en mí, en mi experiencia, en mis celos, en mi confianza. Jamás se me ocurrió pensar en prohibirle a la chica que fuera mi compañera que no hiciese tal o cual cosa, ¿Cómo podría?
¿Quién era yo para imponerme sobre su voluntad, sobre su cuerpo, sobre su destino?
Desde allí miraba yo, desde allí miro yo. Cuanto egoísmo solapado...
Cada persona sabe lo que hace, o es responsable de no saberlo, ¿Cómo podría yo faltarle el respeto de esa manera a quien afirmo amar?
¿Qué entienden por amor?
Siguen aferrados a esa anticuada idea de que el amor encierra, protege, limita, censura, corrompe y, a fin de cuentas, daña y deteriora una relación que podría haber sido siempre hermosa y libre.
En medio de ese círculo me sentía atacado, no porque me atacasen a mí, atacaban mis ideas, mi concepción, mis creencias, que inevitablemente cuestionaban su mundo vacío de sentido, capsular, carcelesco.
¿Cómo toleran los barrotes?
Yo, que amo el amor, que busco esa relación intima, real, sincera, espontánea…
Yo que busco entre los cuerpos eso que destaque.
Te gusta sentenció con arrogancia. Como si fuera culpable de ello, como si estuviese mal, buscaba mi debilidad, jugaba a que me conocía. Comprendo lo que estaba tratando de hacer.
Lamentablemente quería encasillarme dentro de sus etiquetas, hacerme predecible. ¿Cuándo serán capaces de entender que no lo soy?
Que no pueden encuadrarme, que es libertad lo que late en mis venas, y diferencia, y unicidad. Que los nuevos tiempos ya se hallan profundamente arraigados en mi sentir, en mí actuar…
Ese amigo que decía respetarme buscaba una y otra vez no conocerme. No le importaba escuchar lo que decía, quería que fuera comprensible para él. Mediocre, en vez de alzarse en la comprensión, me rebajaba a su dimensión, a sus conceptos, a su jaula.
El, que no era capaz de comunicarse con sus padres, que no había activado su voluntad, que no deseaba salir del nido, que estaba cómodo reptando, acostumbrado a la costumbre, circular y patético, me cuestionaba.
Estaban en pareja, pero no eran felices, sin embargo suponían que yo, sin pareja tampoco podía serlo, no solo lo suponían, estaban convencidos de ello.
Ninguno me lo dijo, yo lo sabía. Siempre me sucede saber, leer entre líneas. Luego me dejo llevar en interpretaciones, enredándome en cómos y porqués cuando en verdad lo único que se puede afirmar es la condición inevitable: cada uno elige en qué mundo vivir, sus leyes, sus dioses, sus castigos.
Lo que me pregunto ahora es ¿Por qué razón punzó tanto la cuestión en mi espíritu?
He encontrado la respuesta, ustedes deberán hallar las suyas, o creerme.

Andrés Casari

lunes, 7 de mayo de 2012

La misma sensación


La sensación era la misma
Nacía cada día para volver a morir,
Algunos podrían pensar que era un destino terrible,
Yo no.
Encontraba en ese proceso el sentido.
¿Cómo valoraría la belleza y la libertad sino?
¿Cómo aprendería de mis experiencias si no tuviera presente que esa misma noche todo acabaría?
Nacía sintiéndome poderoso, virgen,
Y moría a veces satisfecho, otras lamentando no ser inmortal.
Una y otra vez, la misma sensación.
Hermosa impresión de saberse finito, temporal.
Un parpadeo en la historia,
Una simple ola en un mar inmenso, profundo, misterioso.
La muerte y la belleza de la vida,
¿Qué seríamos sin ello?
Me río al escuchar que no tenemos libertad,
¿y qué es la vida entonces?
¿De qué otro modo se puede vivir si no es eligiendo a cada minuto que sentir, que pensar y como actuar ante los hechos?
Si fueras inmortal estarías atado a tu pasado,
Siendo finito, ¿Qué puedes perder?
Siéntelo, todo pasará, sea lo que sea, morirá contigo está noche
¿Resucitará al amanecer?
De ti depende, no me digas que no tienes libertad,
El mundo de ayer no es igual al de hoy, ni será igual al de mañana,
A no ser que tu, con tu ignorancia, lo permitas.

Andrés