jueves, 6 de octubre de 2011

Sin sonido



Ruido. Lo que había esa mañana era ruido ensordecedor y persistente.

¿Cómo fuimos capaces de crear tanto sonido desarmónico?

Preguntas que suelen ocurrir en el momento en que uno no tiene donde escribir, pensamientos, sentimientos e ideas que luego se escoden y reaparecen porque si, sin previo aviso.

He oído a los pájaros cantar, el sonido del agua entre las piedras, el susurro del viento en la montaña, hasta los truenos en mitad de una tormenta están en concordancia con la Vida.

El ruido del hombre no.

Antinatural y grotesco, así podríamos definir al cantar de los camiones, al repicar de las bocinas de los autos, al silbar de las sirenas…. Sonidos amorfos, sin color, sin magia.

Una melodía natural nos conecta con algo, nos envuelve, nos seduce, despierta una parte de nuestro sentir y hasta nos arranca una lágrima o una sonrisa… sin embargo esos desgarros sin sentido solo nos perturban día y noche.

¿Serán esos sonidos una forma de exteriorizar el ruido en nuestro interior?

¿Será así como sonamos por dentro?

¿Es posible que el afuera del que tanto renegamos no sea más que el reflejo de eso que no deseamos oír aunque grite en lo profundo?

Progreso, futuro, evolución… suelen llamar al avance de tales fenómenos.

Qué diferencia de conceptos, siempre creí que la evolución era un proceso por el cual algo mejora en un esfuerzo consiente por refinarse, embellecerse, realizar más funciones, en otras palabras perfeccionarse.

¿Qué loca idea de futuro supone más artificialidad?

¿se han detenido a pensar alguna vez por qué razón el futuro no podría ser más natural?

En cuanto a progreso, que decir, progreso limitado, en un solo sentido. También debo estar errado en mis conceptos ya que progresar quiere decir avanzar paso a paso, desarrollarse, pero ¿Qué progreso real puede verse cuando solo se adelanta en un aspecto?

Es cierto, agilizan la información, reducen los tiempos, todo es más rápido… sin embargo hay un sector llamado calidad en el que no se avanza en la misma proporción.

Esto genera desequilibrio en el proceso y por ende en quienes forman parte de él.

Nada está suelto, es hora de que reconozcamos la interrelación de la vida, como en un cerebro, como en un organismo, no importa en qué lugar de tu cuerpo entró el virus, afectará al sistema…

¿Quién nos ha hecho creer que un desequilibrio con los sonidos no afectaría de igual manera al sistema del que formamos parte?


Andrés Casari



martes, 27 de septiembre de 2011

Sobre la comodidad


Penumbra.

Ausencia de sonido.

Ambición y felicidad.

Algo fatigado quizás.

Esperando y haciendo.

¿O haciendo que espero?

En otra tarde como tantas,

Diferente.

Repleto de insatisfacción, antes dolorosa.

Ahora estimulante al comprender:

Motor de voluntades,

Disparador de grandes ideas.

Alguien satisfecho ya no desea,

Ha muerto.

Y su frialdad cadavérica contagia inmovilidad a quienes aún eligen la vida.

¿Cómo modificarías algo que crees justo y merecido para ti?

Si la conformidad ha plantado bandera en tu sentir,

Si la necesidad de seguridad te ha llevado a las suaves praderas,

Si tu lema de cabecera comienza con “más vale malo conocido…”

Y culmina con un patético: “… que bueno por conocer”,

Lo siento, has muerto.

Ignorancia, ignorancia… y más ignorancia.

Siempre que te sientas satisfecho y conforme:

Pínchate.

Busca algo que te moleste,

Recorre hasta encontrar algo para mejorar.

Pues si no,

Enmohecerás tus minutos,

Y creerás absurdamente que ese era el único objetivo.

Eso te han inculcado, una triste recompensa,

Simple, suave, tibia y confortable tarde de otoño…

Sin esfuerzo, sin aprendizaje,

Sin perfeccionamiento.

Sin sentido.

Andrés Casari

domingo, 25 de septiembre de 2011

Dentro del círculo



Suele suceder que la realidad abarque por completo nuestra visión,

Haciéndonos creer que es la única opción que existe.

Desde allí, víctimas y victimarios,

Tan sólo nos queda ser lo que siempre hemos sido,

Hablar como siempre hemos hablado,

Sentir como siempre hemos sentido,

Ir y venir a los mismos lugares por los que ya hemos transitado.

De esta forma, el círculo se hace presente en nuestra vida,

Monotonía, desgano e insatisfacción rellenan nuestra existencia volviéndonos autómatas.

¿Pero qué sucedería si pudiésemos ver alternativas?

Si nuestra posición variase aunque sea unos centímetros, también lo haría nuestra visión,

Y entonces nuestra perspectiva mutaría,

Podríamos así, ver nuevas opciones,

Respuestas diferentes, sentimientos distintos, personas, trabajos,

Todo sería removido y el mundo sería otro mundo.

Lo cierto es que el mundo seguiría allí, seguirían allí nuestras adversidades y nuestros aciertos.

La interpretación transformaría esa rígida forma,

Llevándonos por caminos aún no transitados…

¿Qué sucedería si fueras tu el único responsable de dicha transformación?

Yo se que puedes,

¿Quieres?

Sólo tú sabes...

Andrés Casari


miércoles, 21 de septiembre de 2011

En aquel sueño...



En aquel sueño, la vida no era más que la proyección de mi inquieta percepción, nada ocurría por fuera de lo que yo pudiera interpretar, puesto que sin mi interpretación, aunque hubiera otras, no existía mi vida.

Los demás eran seres humanos también. Allí, si alguno no podía ver la maravilla y perfección del orden natural era porque se hallaba enfermo. Una enfermedad que no era castigo, sino consecuencia de la propia ignorancia.

Lejos de sufrir con ellos, me decidía a comprenderlos. No podía cambiarlos, eran personas libres, pero no estaba obligado a ver el mundo a través de su sucio cristal.

Tenía mis propias ideas sobre mí y sobre ellos mismos, tenía mi propio sentir sobre los seres humanos.

La especie, era para mí, puro potencial, perfecciones encerradas en imperfecciones, increíbles artistas transitando su noche oscura, su periodo de incubación, esos segundos eternos en que nada ocurría, hasta que brotara una idea, hasta que hubiera un destello, y el genio inmenso apareciera en escena plasmando la obra en el aire.

Realizando. Allí donde nada había.

En un acto de magia consiente, en una voluntad, en una decisión.

En eso se resumía, a fin de cuentas, el proceso.

Cada uno era lo que hacía con sus decisiones, y si bien no éramos libres para elegir las consecuencias, éramos libres para elegir nuestras actitudes, y nuestras acciones.

Ante todo, había elegido comprender. No porque valiera mas para otros, sino porque me valoraba, y me respetaba tanto que me daba la posibilidad de aprender de todo lo que sucedía.

Cualquier otra visión, lejos de lastimarme o manipularme, lo único que hacía era enriquecerme.

Elegía una visión positiva porque consideraba que cualquier otra visión no tenía sentido.

Pero ese era mi sueño… no quiero imponértelo,

Puedo explicártelo, pero no puedo obligarte a experimentarlo, ni podrás comprenderlo hasta que tomes una decisión, sólo una determinación…

Y escojas soñarlo en tu mente.

Andrés Casari


sábado, 17 de septiembre de 2011

Des- ilusión



¿Y si rompes el letargo?

¿Cuándo dejarás de vivir en un mundo de fantasía que no te permite crecer?

Crecer no es progresar,

Crecer es saber más, amar mas, comprender más.

Crecer es descubrirse, reconocerse, identificarse.

Crecer es romper limitaciones, liberar personas, independizarse.

Las des-ilusión es necesaria para que comiences a soñar,

Para que vuelvas a intentar.

Mientras sigas convencido dentro de tu propio hechizo,

Mientras persistas en la idea que tú mismo edificaste,

Mientras continúes en la ilusión de que ya eres…

Nada podrás hacer.

Necesitas des-ilusionarte, necesitas salir del trance, necesitas ver donde estas parado,

Solo así comenzarás a caminar hacia donde realmente quieres ir.

Pero si temes mirarte de frente y reconocer que no sabes quién eres ni por qué haces lo que haces,

Si no cuestionas ni observas cada una de tus acciones,

Si crees, ilusoriamente, que eres libre….

¿Cómo podrás liberarte?

Andrés Casari



miércoles, 14 de septiembre de 2011

Pandemia



Su rostro, gastado por los años, mostraba las consecuencias de una vida mal llevada. Insatisfacción, desgano, impotencia.

Sin embargo, aquel ser llevaba la ilusión de una aterradora felicidad. Se sentía orgulloso de ser quien era, mientras sentenciaba con arrogancia: “yo la viví… no me puedo quejar”.

Mientras lo escuchaba sin oírlo me dejé llevar observándolo, tratando de ver más allá de sus palabras… lo importante.

Vi que no era cierta su aparente libertad. Comprendí en pocos minutos que no fue el quien vivió la vida, sino que siendo arrojado a una vorágine sin tregua, golpeado aquí y allá por los embates de la suerte, a duras penas, logró sobrevivir.

A esa supervivencia llamaba el felicidad.

Preso en la ilusión de que había sido el ejecutor de sus actos, nada había hecho en verdad. Todo le sucedió, tal y como suele pasarle a los hombres en el devenir de sus vidas.

Precipitados al mundo, inalámbricos, creemos y nos hacen creer que somos quienes vivimos, quienes sufrimos, quienes amamos… lejos de saber incluso, y las más de las veces, ignorantes por completo del hecho de que el mundo y la vida suceden, ocurren, al tiempo que nosotros, maquinas de carne, solo reaccionamos a tales circunstancias.

Incapaces de responder, habituamos un reflejo, una reacción que tras su repetición tornamos inmutable, única y real.

Desde allí. Presos. Aseguramos con férrea convicción responder por nuestras acciones. Como si pensar no fuera una acción nuestra, como si sentir no dependiera de nosotros.

La respuesta, mis amigos, solo es real en hombres libres. Raros ejemplares de hombres que han tomado para sí la decisión de serlo.

Libres por saber y por actuar, mucho más que los ecos de un pasado difuso. Hombres auténticos capaces de explicar por qué y para qué hacen lo que hacen, parados sobre sus pies de barro aunque sostenidos por las invisibles alas de su espíritu.

Con amplia visión, en su calidad de dioses, opacan, encandilan y molestan a la caterva de seres anti reflexivos, chatos e inconscientes que pululan aquí y allá imponiendo verdades a medias.

No, no es bronca lo que desprendo en estas líneas, es equilibrio y claridad.

Así como hay claros y oscuros, también hay nobles y mediocres.

Hace tiempo que el virus de la mediocracia se expande como una pandemia fuera de control, diezmándonos poco a poco….

No es culpa del sistema, ni de quienes nos representan, de hecho ya basta de culpables.

No es culpa de nadie, solo sé que es RESPONSABILIDAD de cada uno de nosotros.

Andrés Casari