
En aquel sueño, la vida no era más que la proyección de mi inquieta percepción, nada ocurría por fuera de lo que yo pudiera interpretar, puesto que sin mi interpretación, aunque hubiera otras, no existía mi vida.
Los demás eran seres humanos también. Allí, si alguno no podía ver la maravilla y perfección del orden natural era porque se hallaba enfermo. Una enfermedad que no era castigo, sino consecuencia de la propia ignorancia.
Lejos de sufrir con ellos, me decidía a comprenderlos. No podía cambiarlos, eran personas libres, pero no estaba obligado a ver el mundo a través de su sucio cristal.
Tenía mis propias ideas sobre mí y sobre ellos mismos, tenía mi propio sentir sobre los seres humanos.
La especie, era para mí, puro potencial, perfecciones encerradas en imperfecciones, increíbles artistas transitando su noche oscura, su periodo de incubación, esos segundos eternos en que nada ocurría, hasta que brotara una idea, hasta que hubiera un destello, y el genio inmenso apareciera en escena plasmando la obra en el aire.
Realizando. Allí donde nada había.
En un acto de magia consiente, en una voluntad, en una decisión.
En eso se resumía, a fin de cuentas, el proceso.
Cada uno era lo que hacía con sus decisiones, y si bien no éramos libres para elegir las consecuencias, éramos libres para elegir nuestras actitudes, y nuestras acciones.
Ante todo, había elegido comprender. No porque valiera mas para otros, sino porque me valoraba, y me respetaba tanto que me daba la posibilidad de aprender de todo lo que sucedía.
Cualquier otra visión, lejos de lastimarme o manipularme, lo único que hacía era enriquecerme.
Elegía una visión positiva porque consideraba que cualquier otra visión no tenía sentido.
Pero ese era mi sueño… no quiero imponértelo,
Puedo explicártelo, pero no puedo obligarte a experimentarlo, ni podrás comprenderlo hasta que tomes una decisión, sólo una determinación…
Y escojas soñarlo en tu mente.
Andrés Casari
No hay comentarios:
Publicar un comentario